Croacia día 9: De vuelta a Dubrovnik

¡Qué duras son las mañanas después de un día maratoniano! ¡qué mal sienta el despertador cuando uno se echa con el sol ya levantado! Empacamos las maletas, pagamos las habitaciones y nos dimos media horita larga para tomar un buen desayuno en la terraza del Hotel Croatia. Iba a ser difícil olvidarse de un sitio tan paradisiaco como este. Desde la terraza podíamos ver una parte de las islas de Pakleni. Día despejado, mar turquesa, brisa suave, la justa… daba pena irse.
Pero por mucha pena que tuviésemos, la suerte estaba echada y la habitación reservada esa misma noche en Dubrovnik. Nos esperaba nuestra última noche en tierras croatas, y antes de la noche, un viajecito por tierra y mar. Nuestro siguiente destino, la otra punta de la isla, Sućuraj. Allí cogeríamos un ferry a Dvrenik, en el continente y desde ahí conduciríamos a Dubrovnik por esa línea de costa tan bonita, pero con tantas curvas.
La carretera de Hvar a Sućuraj, sobre todo el tramo final, es infernal. Apenas un quitamiedos y terraplenes en los que si se metía una rueda no lo contábamos. Muy peligrosa. Y cansado, más aún. La verdad que tuvimos un chute de adrenalina en esa carretera que nos despertó de un gorrazo. Una vez en Sućuraj, la suerte nos sonrió. El tráfico desde Dvrenik era muy abundante, así que había un ferry extra que iba a llegar en 10 minutos. Tiempo justo para tomarse un café y un poco de agua y subir el coche a bordo.
La llegada a Dvrenik fue rápida. El paisaje, precioso. Uno se podía quedar en la cubierta todo el viaje mirando la abrupta costa croata. Al bajar a tierra firme, lo primero fue aparcar el coche y buscar un restaurante para cargar pilas para el viaje de vuelta. Un poco de pasta y una buena botella de agua, al menos yo, para poder conducir tranquilo las dos horas y media de nacional que quedaban. Un SMS de nuestros amigos malagueños nos indicó que ellos ya andaban de vuelta a Dubrovnik. ¡Bravo por el madrugón!

El viaje en coche tuvo sus momentos. Hay gente que conduce muy mal. Bólidos con un porrón de caballos y cilindros no se pueden llevar a 40 o 50 por hora en una nacional. Señores, cómprense un Panda o viajen en bus, pero no nos vuelvan locos a los demas. Las rectas cerca de Opuzem me permitieron hacer algún adelantamiento croata de esos de cuatro o cinco coches a la vez, pero las curvas finales al acercarse a nuestro destino nos invitaron a respirar, relajarse y tranquilizarse para llegar lo antes posible.
Una vez de vuelta, con el coche entregado sin mayor problema y tras aconsejar a dos franceses que acababan de llegar y que no entendían muy bien la red de autobuses (uno ya era un experto), nos fuimos a la parte vieja. Arrastrando las maletas entramos por Placa Stradum direccion Antuninska a nuestras queridas Rooms Vicelic. Y a pocos metros de la puerta oímos el grito de bienvenida
- Hello Darlings!
Ahí estaba My Darling esperándonos, con nuestra habitación. Más cara esta vez, ya que sólo nos quedábamos una noche, pero bastante mejor que la que tuvimos la otra vez. Aprovechamos para pagar y para que la señora nos aconsejase volver al aeropuerto con el servicio de taxi que ofrecía su hijo, por la módica cantidad de 200 kunas (30 Euros), ya que el bus de vuelta no salía del centro sino de la estación de autobuses, por la zona del puerto. Prometimos pensárnoslo. Al menos esta vez no nos recomendó el Moby Dick.
Unos SMSs para quedar para la cena de despedida con los malagueños y una siesta merecida. Bueno, se la echó Pablo, porque yo la verdad que me pasé todo el rato mirando el internet en el móvil, leyendo y reorganizando la maleta.

La noche empezó en una terraza en Placa Stradum, tomando una, repugnante, cerveza Bavaria (holandesa peor que la Heineken, que ya es decir) y viendo el principio del Holanda-Rusia, para conocer al rival, posible, de la selección en semifinales. Poco tuvimos que esperar, en seguida nos juntamos todos y nos fuimos al Lokanda Peskarija a cenar arroz y mejillones… ¡ah! y una garrafa de vino blanco “frejquito”, ¡que no falte! Delicioso, como siempre.
La última la tomamos en el bar aquel que vimos el primer día, fuera de la muralla, con vistas a Lokrum. Un sitio idílico. Con bebidas con sabor a jarabe, pero idílico. Bla bla bla bla… hasta las 2 de la mañana. Y el cansancio, ya habitual estos últimos días, hizo acto de presencia. Momento de ir a descansar y despedirse entre besos y abrazos de esta gente tan maja que conocimos por tierras balcánicas. Espero no perder el contacto con ellos ¡escribid chicos!
A descansar y a hacerse a la idea de que aquello se acababa. Sólo quedaba el viaje de vuelta.
Publicado el 15 de Julio del 2008, en las categorias Viajes.
Comentarios: 2
Comments
Comment from Amadeo
Time: Agosto 21, 2009, 3:29 pm
Hola bruno,
Mi nombre es Amadeo,soy de Sagunto (Valencia), he encontrado tu blog buscando información sobre Dubrovnik, y me alegra haber leído vuestro relato… En Septiembre viajaremos a Croacia, y tras 3 días en Dubrovnik, hemos pensado ir 2 días a Hvar, cogiendo ese mismo ferry y la famosa carretera infernal de la cual hablais,vamos con un coche de alquiler, ¿es peligrosa, cuanto tiempo se tarda en llegar a Hvar desde Sucuraj, vale la pena esta opción de llegada, es bonito Hvar, que lugares os gustaron más, sabes algun sitio especial para cenar o tomar algo en Dubrovnik…? Me serían útiles tus consejos.
Muchas Gracias

Comment from PGB
Time: Julio 20, 2008, 2:28 pm
¡ Ese Bruno !
Que tristeza abandonar Hvar, ¿verdad? No solo porque nos ibamos de un lugar idilico si no porque indicaba que se iba acercando el final de las vacaciones.
El viaje desde Hvar a Sucuraj fué un poco infierno, aun estaba yo con mi panoja habitual de la mañana (hasta las 12:00 no soy señor, y menos aun de vacaciones, jejeje) y enfrentarnos a esa sinuosa carretera que no debería tener el ancho habitual para circular 2 coches resultó un poco duro. Despertamos de golpe eso si.
El viajecito en el Ferry desde Sucuraj a Dvrenik estuvo genial. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Una vez mas la linea de litoral adriático de esa zona no nos dejaba de sorprender.
Bruno conduciendo desde Dvrenik a Dubrovnik como un campeón, me desperté en el quintuple adelantamiento por la nacional. Alli es lo habitual. Si vais a hacer mucha carretera procurad un coche con algo de potencia, se agradece (el nuestro no estaba mal, pero un poco corto de potencia y para adelantar a veces te las tenías que ver y desear).
El resto del día fué un transitar por Dubrovnik, llegada, devolución del coche, encuentro con My Darling, mini siesta, aseo y de nuevo a la calle.
Cervecitas con futbol, llegada de los amigos de Málaga y a cenar al Lokanda Peskarija. Arroz, mejillones y vino. Nada mas, pero suficiente como colofón final. Muy recomendable este sitio para comer, por calidad, cantidad, precio y localización, en pleno “Puertochico” de Dubrovnik.
Terminamos dando un paseito hasta el “bar aquel”, mas por intercia que por ánimo (ya andabamos muy justitos de fuerzas) nos tomamos el último piscolabis nocturno en la ciudad.
Atesoras una memoria prodigiosa, Bruno, me has dicho que ver las fotos te ha ayudado, pero aun así a mi no me sería fácil recordarlo todo con tanto detalle… :)
Abrazos – PGB